Si algo tiene la Navidad es el exceso de regalos para los niños.
Con la mejor intención los padres, tíos, abuelos, padrinos, etc, quieren hacer un regalo al pequeño, si bien al final se consigue un niño hiperregalado y una “pelea” de adultos por quién conseguirá captar más su atención.
Y es que el placer de regalar, de sorprender a otra persona, y ver su reacción es una satisfacción enorme.
Cuando los niños empiezan a escribir, podemos plantearles que ellos puedan ser los protagonistas preparando un regalo para otra persona.
Conseguid un tarro pequeño y ponerle fuera una etiqueta con las X cosas que más me gustan de… (la persona que elija el niño). Por ejemplo “Las 10 cosas que más me gustan de mi familia/ mis abuelos/ mis tíos…”
Ayúdale a pensar, y a escribir en pequeños papeles sus ideas; ¡Créeme que te puede sorprender! Los niños son capaces de dar mucho más de lo que reciben, sólo necesitamos darles herramientas e ideas para poder hacerlo.
Sin duda quien reciba este regalo no lo olvidará… Y los niños aprenderán también esa emoción que sentimos los adultos cuando con todo el amor, buscamos ese regalo para otro.